lunes, 24 de mayo de 2010

El mito de Narciso y la homosexualidad




El término narcisismo lo utiliza Freud en su teoría psicoanalítica para entender la elección de objeto amoroso en los homosexuales.
Éstas personas se toman a si mismos como objeto sexual y necesitan a otra persona del mismo sexo para poder amarlo como los amó su madre a ellos.
Tal estado corresponde a la creencia de esa persona en la omnipotencia de su pensamiento.
Freud reconoce a partir de este descubrimiento, una fase intermedia entre el autoerotismo y el amor objetal, es decir el amor sexual a otro que no es él.
El enfermo mental, como por ejemplo en la psicosis maníaco depresiva, transfiere sobre sí mismo, como único objeto sexual, la totalidad de la libido, que la persona normal orienta sobre otros objetos animados o inanimados.
Para una persona con esta patología, los demás son nada más que prolongaciones de si misma.
Cabe aclarar que la palabra objeto dentro de este encuadre, designa el objetivo del amor sexual.
El mito griego de Eco y Narciso que utiliza Freud, cuenta que en una ocasión, Juno, la primera esposa de Júpiter descubrió que una ninfa llamada Eco estaba encubriendo las infidelidades de su esposo con otras ninfas.
Por esa razón la condenó a no poder nunca más emitir una primera palabra, por lo tanto, desde ese momento estaría obligada a repetir las últimas palabras que dijeran los demás.
Un día, Eco conoció a Narciso, un joven tan bello como engreído, y se enamoró perdidamente de él. Lo seguía a todos lados tan cerca que un día Narciso no sólo la descubrió sino que también se dio cuenta que repetía las últimas palabras que él pronunciaba.
Fue entonces cuando Eco salió de su escondite y se acercó a besar y abrazarlo.
Ante esta actitud, Narciso entró en pánico y la rechazó, prefiriendo morirse antes de amarla.
Continuó solo vagando por los bosques hasta que un día, estando sediento, se inclinó sobre el espejo de un lago para beber. Se sorprendió al ver que un rostro muy bello lo miraban desde la superficie del agua, pero cuando quiso besarlo, su boca se hundió en el agua.
Comenzó a llorar hasta darse cuenta que esa imagen era su propio reflejo.
Tan triste estaba por este hecho que se enfermó gravemente y luego de muy poco tiempo, murió.
Mientras tanto, Eco, se fue consumiendo de dolor hasta conservar solamente su voz, que es la que todos escuchamos en las montañas.

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